Once horas para los niños, ocho los adultos y cinco los mayores de 65 años. Ése es el tiempo que se considera idóneo para un sueño reparador. Eduard Estivill, especialista en trastornos del sueño, subraya la importancia de desconectar el cerebro dos o tres horas antes de irse a la cama.
CARMEN SANTANA
Estivill, con una veintena de libros publicados sobre el tema (el último A jugar, con Yolanda Sáez de Tejada, en el que se proponen 45 juegos para distintas situaciones que mejoren los hábitos infantiles) y una clínica del sueño de gran prestigio en tratamientos e investigación, pronunció ayer una conferencia invitado por el Programa de Mayores de La Caixa.
- ¿Y usted qué tal duerme?
- Suelo dormir bastante bien. Al menos intento aplicar lo que explico para tener una vida sana. Porque dormimos para estar bien al día siguiente.
- ¿Se puede decir que dormimos cada vez peor?
- Es cada vez más cierto. Sobre todo si entendemos que el dormir mal es un síntoma. Y en Medicina un síntoma significa que es algo que nos ocurre pero siempre hay una causa que lo provoca. Hoy en día sabemos que hay más de 40 causas distintas que provocan mal dormir. Pero una de ellas, la principal, es el acúmulo de tensión, el estrés, durante el día. Y esta causa sí que ha aumentado muchísimo en los últimos 10 ó 15 años.
- Hay que desconectar.
- Totalmente. El grave problema es que el cerebro necesita al menos 2 ó 3 horas antes de acostarse para desconectar de todo lo que ha pasado durante el día. Y hoy la información, cosas que hacemos, el trabajo, los horarios hacen que lleguemos al momento de acostarnos con plena actividad mental. Al cerebro le cuesta mucho desconectar y vienen los problemas.
- ¿Y cómo se consigue?
- Es cuestión de procurarlo. Es decir, la gente que duerme mal sabe que dormir mal afecta mucho a su día siguiente. Por lo tanto, hay que reconstruir la vida durante el día para llegar a la noche y que el cerebro pueda empezar a dormir. Nosotros trabajamos mucho con esto, con lo que llamamos normas higiénicas del bien dormir. Y esto empieza por el día. Es decir, desde el momento en que uno abre los ojos ya tenemos que estar preparando nuestra noche. Recomendamos, por ejemplo, siempre un pequeño ejercicio, andar al menos 20 minutos al día. Todo lo que sirva para desconectar antes de acostarse es bueno. Y desconectar significa para unos leer, para otros ver televisión, para otros significa escuchar la radio, para otros simplemente una conversación o un paseo. La comida también es importante. Una comida sana a base de hidratos de carbono, ensaladas y derivados lácteos. Esto es lo ideal para cenar. Y siempre dejar un espacio entre la cena y el tiempo de acostarse de al menos dos horas.
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