Un artesano y ceramista recrea a tamaño real un pueblo típico del valle del Arlanza a partir de los restos encontrados en escombreras o sobrantes de obras. Su fuente de inspiración ha sido su infancia.

Estamos en un decorado de Port Aventura, o al menos eso parece a primera vista a juzgar por el cambio experimentado. Del áspero asfalto hemos pasado a la cálida hierba. Del hormigón saltamos a la madera y el adobe. Y de la modernidad regresamos a una acogedora sensación de tradición.

Más allá de las artificiales escenografías de los parques temáticos que recrean culturas lejanas, lo que aquí encontramos nos resulta familiar. Una plaza con su crucero, casas de adobe y vigas de enebro que forman soportales, canto rodado en el suelo, puertas usadas de madera y ventanas desgastadas, letreros comerciales de estilo artesanal... Estamos en la plaza de los Yáñez, también conocida como de San Pedro, en el pequeño pueblo que a modo de decorado de las películas del oeste ha levantado junto a su taller-galería el ceramista de Quintanilla del Agua.
Ni el propio artista pensó que su idea inicial desembocaría en lo que ahora puede verse. «Quería crearme un entorno en el que desarrollar mi actividad profesional, sin más. Empezamos haciendo un jardín y una fachada y hemos llegado hasta aquí, pero la idea es seguir ampliándolo», explica Félix Yáñez, quien al hablar en plural hace referencia a la ayuda que ha tenido en esta aventura de su familia, sobre todo por parte de su padre y su suegro.

Todo comenzó hace un par de años con cuatro piedras que le ofrecieron sobrantes de una obra cercana. Con este material y varias vigas de enebro que había recogido en una escombrera, Yáñez empezó el primer soportal de su plaza. «La arquitectura empleada es la típica del Valle del Arlanza, la que se construía con palos de enebro, adobes, ladrillo cocido y piedra», comenta el ceramista, al tiempo que explica que las puertas utilizadas proceden todas de casas que han derruido.

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Diario de Burgos Digital 4 de junio de 2008