La lucense Ana Castro entró en el mundo de la artesanía por la puerta grande: la de la pasarela Cibeles. Unos meses después de abrir su obradoiro, en el 2000, un conocido diseñador ourensano le pidió que se encargara de los tejidos que presentaría en la colección de ese año. "Dende aquela foi un non parar".

Ana heredó el gusto por el telar de una tía abuela, pero no fue ella quien le enseñó el oficio con el que ahora se gana la vida. Oriunda de Terra Chá, marchó a Ourense siguiendo la estela de un trabajo que le había salido a su pareja. Asentada en un pequeño ayuntamiento de la Limia, Sandiás, "sen moito no que pasar o tempo" topó de frente con el telar mientras visitaba un museo. Allí se impartía un taller de tejido. Ana recordó a la tía Hermitas y el mucho que le gustaba verla tejer. El 'gusanillo' de la curiosidad hizo el resto.

Empezó por afición, con muy pocas piezas al año. Pero el boca a boca y la repercusión mediática que tuvo su debut en Cibeles dieron a conocer su nombre, y los pedidos dejaron de contarse con los dedos para pasar a ser montones. Ahora, ocho años después de abrir el taller, Ana trabaja sobre seguro y dedica el tiempo libre a promocionarse a sí misma en ferias de artesanía. "Hoxe case todo o que creo está vendido xa cun ano de antelación", cuenta.

Los inconvenientes de no rendir cuentas
Que a Ana le gusta tejer queda claro después de hablar con ella. "Que é o que máis me gusta do meu traballo? Encántame todo!", dice, entre risas. Sus manos andan sobre todo entre el lino y la seda; al 50%. Disfruta tanto diseñando una colección como pensando en las piezas que llevará la siguiente.

Pero ser tejedora implica ser autónoma, "un mundo a parte". Lo que a priori semeja una facilidad, la de no rendirle cuentas a nadie, a ella no le hace gracia. "Ocuparse da parte administrativa obriga a pensar en temas económicos, en que é o que máis se vende ou en que vas facer no seguinte deseño para non repetirte", cuenta.

Estos días, Ana trabaja en una colección para la próxima temporada otoño-invierno y no adelanta nada sobre lo que se llevará. La incógnita también ayuda a vender. En el mundo del tejido, los chales y las bufandas son las piezas estrella. Pero en este taller también se tejen telas "para xente que fai labores, como as puntilleiras, que queren un retal de liño para facerse o seu propio chal", explica.

Un día en el telar
Además de tejer, Ana diseña las colecciones que pone en el mercado. Hacer la pieza más pequeña, una bufanda, requiere entre cuatro y seis horas de trabajo. La inspiración le viene del día a día, de su estado de ánimo "e das cores que vexo ao meui redor, na paisaxe".

Sumergida de lleno en la conversación, mientras repasa una jornada de su trabajo, la lucense cuenta una anécdota curiosa: "Nunha mostra de tecido, de tódolos postos que alí había ningún se parecía en nada ao do lado", ríe, para exaltar a continuación las posibilidades del telar.

Aquí entra en juego la principal diferencia que existe entre los tejidos de punto y los de telar: la manera de cruzar los hilos. En el segundo caso el resultado es un tejido de trama y urdido, es decir, los hilos se cruzan de manera transversal o longitudinal.

"O tear permite infinitas posibilidades a partires dun único tecido". Llega con mezclar los colores, con variar el pedaleo, o con jugar con el entrecruzamento de los hilos para dar con un final nuevo cada vez. Ana emplea además pedrería para los finales de los flecos, y un revuelto de encaje tradicional y otro más moderno propio de países como la República Checa.

Trabajar a contrarreloj
Conocedora de viejos dichos y sin ánimo de burlarlos, con Ana se cumple aquello de "en casa del herrero, cuchillo de palo". Esta joven comenzó luciendo la moda que salía de su viejo telar, pero "agora a demanda é tan alta que xa non podo tecer para mín", lamenta.

Aunque reconoce que ocho años no son de sobra para valorar si se puede o no vivir de la artesanía, lo cierto es que ella escogió tejer como único oficio. "Non hai vacacións e pasas dez ou doce horas ao dia entre teas, pero compensa saber que o que fas é o que che gusta".

Y como a veces todo es poco para llegar la final de mes, Ana da cursos intensivos en su taññer durante los meses del verano. El perfil de quien decide acudir es el de una mujer de mediana edad con un trabajo alternativo, que quiere aprender a tejer en un telar tradicional, bien por curiosidad o bien por recuerdos de los años de la infancia. "Aprender o básico, que unha persoa poida montar un urdido e un tear ela sola, leva arrededor dunha semana".

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Viernes 08.08.2008

B.V./AGN.