La innovación, junto con el desarrollo y la investigación, se ha convertido, en los últimos meses, en el “antídoto” contra la crisis. Le acompaña el empresario emprendedor, aquel que quiere abrirse en el mercado pero no sabe ni dónde ni cuándo.

Tampoco tiene recursos suficientes para montar o alquilar una oficina y, mucho menos, para construir un edificio donde dejar sus productos, en caso de que los tenga. El joven empresario que va a lanzarse al mundo de los negocios sabe que se encuentra ante una situación económica complicada y que sólo se lanzan a la aventura los más “valientes”. Y, precisamente, entre los arriesgados y los emprendedores se encuentran los que, actualmente, ocupan las oficinas del Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio de Jaén.
Uno de los “afortunados” es Javier Sandoval Higueras, trabajador de Enala. En esta “incubadora” realiza los servicios y aplicaciones informáticas desde agosto de 2008. “Somos desarrolladores y necesitábamos un lugar donde hacer realidad nuestros proyectos”, explica Sandoval. De este modo, solicitaron el acceso al Vivero, explicaron a qué sector dedicaban su actividad, contaron cuál era su proyecto y le dieron un nombre. Finalmente, la Cámara les facilitó un techo. “Ahora aportamos nuestras ideas, hacemos los proyectos y los enviamos por correo electrónico a Madrid, donde se encuentra la sede de la compañía”, asegura. Junto con el joven, trabajan otras dos personas más.
Por su parte, a Argescon Sur, la empresa de Iván Cruz Órpez, José Luis Jiménez Fernández y Miguel de la Torre Beltrán, le queda poco tiempo en el edificio. Después de dos años, se les acaba el plazo y, sin embargo, gracias a un escrito pueden continuar en el local hasta “nuevo aviso”. Es decir, si otro joven emprendedor llega en busca de “auxilio”, no tendrá más remedio que abandonar el Vivero.

Martes, 13 de Enero de 2009

Silvia Ruiz Díaz /Jaén

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