Más del 40% de los participantes en los talleres de inserción que ofrece Chavicar encuentra trabajo gracias a las destrezas profesionales adquiridas.
12.09.09 - E. SÁENZ | LOGROÑO
No dar un pez al que tiene hambre, sino enseñarle a pescar. El viejo proverbio adquiere todo su sentido en el caso de Chavicar, la fundación sustentada por Cáritas y encargada, en coordinación con la red pública de Servicios Sociales y el Servicio Riojano de Empleo, de aportar a los colectivos con especial vulnerabilidad social los recursos precisos que faciliten su inserción en el mercado de trabajo. La tarea es compleja e incluye un amplio abanico de frentes que van desde la orientación laboral hasta la inculcación de hábitos profesionales, pasando por acciones a nivel psicológico y, por supuesto, la enseñanza de habilidades para que las personas que llegan a Chavicar adquieran la formación que les conduzca a la plantilla de alguna empresa o ejercer como trabajadores autónomos. Dos son los talleres que la fundación viene desarrollando tradicionalmente en sus instalaciones del polígono El Carrascal: uno de gestión textil vinculado al reciclado de ropa, y otro de gestión del mueble orientado a la restauración de materiales domésticos en desuso. Esos son también a los que podrán acogerse los beneficiarios de la ayuda-beca articulada por Cáritas a través del fondo 'anticrisis' y a los que se suma un tercer taller de soldadura. La responsable de empleo de Chavicar, Inmaculada Espila, justifica esta ampliación de la oferta formativa en razón de la propia coyuntura económica. «La construcción ha sido uno de los sectores más golpeados por la crisis, y los que antes trabajaban en ese ámbito y ahora tienen serias dificultades para pagar su piso o salir adelante podrán tener aquí un buen complemento», reflexiona. Cada uno de los talleres está dirigido por un monitor y participado por seis alumnos que invierten en él cinco horas al día durante el tiempo que sea preciso. «La media suelen ser seis meses, pero el plazo puede prolongarse en función de las necesidades individuales de cada alumno», explica Espila abundando en la importancia que Chavicar concede a «personalizar» las acciones que ofrece. Gracias a ello, más del 40% de los participantes en los talleres encuentra cada año acomodo en el mercado laboral. Espila aplaude la decisión de la diócesis de crear una ayuda contra la crisis y, sobre todo, que se vincule a la formación laboral. «Los participantes en nuestros talleres se ampliarán, y también el perfil de ellos con parados de larga duración, mujeres con hijos a su cargo o mayores de 45 años», vaticina.
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http://www.larioja.com/20090912/rioja-region/trabajo-vivir-20090912.html



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